Aranzazu del Castillo | Cuidado del medio ambiente, ecología, y acciones responsables.
Cambios que se están produciendo en la mentalidad de las personas en relación con el cambio climático y problemas de salud emergentes a raíz de llevar la meta a un extremo: ecoobsesión y ecoestrés.
Ecología, Cambio Climático, Medio Ambiente, Ecológico, Reciclaje
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Molinos de viento ejemplo de energía renovable

Eco-obsesión y eco-estrés

Soy una amante de la naturaleza y de las actividades al aire libre. Desde siempre he sido una persona concienciada con el cuidado del medio ambiente y he intentado en cada momento relacionarme con este de una manera respetuosa.

Con preocupación e impotencia he visto como lentamente las cosas se complican para nuestro delicado planeta azul. Las temperaturas suben, los polos se derriten, el nivel del mar se eleva, las especies se extinguen, nuevas enfermedades y alergias aparecen, etc.

Tengo una amiga que siempre anda leyendo sobre este tema y que está al tanto de los últimos informes en relación al cambio climático. Reconozco que nuestra última conversación me dejó bastante asustada y triste. En estos dos últimos meses, sin embargo, la publicidad y la información que me ha ido llegando a través de distintos canales (amigos, familia, trabajo, redes sociales, …) ha hecho que mi sensación cambie ligeramente para adquirir un tono más optimista. Aunque la solución no es fácil, ni inmediata, ni está garantizada, he observado que existe un cambio generalizado en la actitud de las personas hacia el problema del cambio climático. Creo que las personas estamos por fin asumiendo nuestra parte de responsabilidad en el asunto. Estamos pasando del estado de contemplación a la acción propiamente dicha.

La partícula “eco” se ha puesto de moda. Ecológico, eco-friendly y todo lo que se deriva de ello. Cosmética, comida, ropa y complementos, utensilios y herramientas, etc. Es tendencia llevar una bolsa de tela en lugar de una de plástico para ir a comprar al supermercado… aunque mejor si vas al mercado tradicional de tu barrio o a la tienda eco de la esquina. De repente, todos nos preocupamos por comer sano y eso implica conocer nuevos cereales, semillas y fermentados y consumirlos a diario, a veces priorizando alimentos caros y de difícil acceso con propiedades nutricionales similares a las de productos que tenemos al alcance de la mano. Significa también andar o montar en bici en lugar de coger el coche, aunque a veces esto se haga a costa de la salud de nuestros pulmones en ciudades altamente contaminadas. Estos son solo algunos de ejemplos de la clase de cambios que veo a diario en mi entorno próximo.

Creo que “ser eco” se ha convertido en una especie de conducta de seguridad. Así es como los psicólogos llamamos a las conductas que realizan las personas para mantener a raya una preocupación, un miedo o cualquier otro pensamiento o emoción negativa. Nos incomodan todas esas imágenes de plástico flotando en el mar, de animales que mueren ahogados o atrapados en redes de ese mismo material, las recientes intolerancias que parecen afectar a casi todos sin una razón clara… Entonces, para hacerlas desaparecer de nuestra mente y reducir el sentimiento de culpabilidad nos hacemos “eco”.

Cuando convertimos el cuidado del planeta en un principio o  valor en sí mismo actuamos por algo que está más allá de la calma a corto plazo que proporciona silenciar esas imágenes en la cabeza (las bolsas de plástico en el mar). Estoy convencida de que muchas personas habrán logrado hacer una reorganización y cambio de valores real y profunda. Tal vez a raíz de una conversación incómoda como la que yo tuve con mi amiga.

Tanto si estás en la primera etapa (conducta de seguridad o de seguir la moda), como si has integrado la ecología y el cuidado del planeta como uno de tus valores, el resultado es casi el mismo y por supuesto, ¡es positivo!

¿Cuál es el pero? En más de una ocasión he hablado de la importancia de los valores como brújulas o guías de vida. Sin ellos estamos perdidos. Una de las características de las personas psicológicamente sanas es la flexibilidad. Cualquier valor, creencia o “debo” que nos hayamos propuesto, por muy positivo que sea, deja de ser saludable cuando se vuelve rígido. Es aquí donde emergen los términos que dan título al artículo: eco-obsesión y eco-estrés, en los cuales empezé a pensar a partir de una publicación de @Laura_opazo en Instagram.

La creencia “debo ser ecológico” podría desgranarse en diferentes submetas personales: “debo comer comida bio, ecológica”, “debo utilizar utensilios reutilizables” “debo comprar ropa cuyo proceso de fabricación respete el medio ambiente”, “debo evitar el coche u otros transportes contaminantes” y muchas, muchas más. Cuando esta creencia se lleva a un extremo, se generaliza (“debo ser eco en todos los ámbitos y actividades de mi vida”) y se vuelve rígida (debo cumplirlo siempre o si no…), algo que en principio es muy positivo podría acabar convirtiéndose en un problema de salud, llevando a sentimientos de culpabilidad, agobio, frustración, etc. y a una serie de conductas compensatorias de todos esas emociones.

En conclusión, está bien y es necesario hacer el cambio de chip, pero es importante mantener la perspectiva mientras se realiza dicha transformación. Debemos recordar que la solución a este macro problema no será inmediata, segura, ni depende de una única pieza o individuo. Me parece importante refrescar el hecho de que en la vida hay cosas que podemos controlar y cosas que no. Nuestro esfuerzo debe focalizarse en aquellas cosas que podemos modificar o al menos, en las que podemos tener alguna influencia. Por último, para que todos estos pequeños cambios tengan éxito y lleguen a asentarse en el sistema de hábitos y acciones de la persona debemos dejar que ocurran a un ritmo pausado y gradual.

 

Photo by Sebastian Grochowicz on Unsplash

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