Aranzazu del Castillo | Situaciones de estrés y reacciones
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Robos, móviles, estrés, Riesgos
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boy using his smartphone

Sobre anoche: aprendiendo lecciones de vida.

El cuerpo sabe, pero hay que dejarlo. En el baile es muy importante que permitamos al cuerpo expresarse con movimientos libres, pero para eso, hay que bajarle el volumen a la voz de nuestra mente crítica y boicoteadora. Este fue el foco de la clase de contemporáneo de ayer. Un entreno en arriesgar, en probar y en buscar los límites para darnos cuenta de que al final… el cuerpo resuelve.

Con este mood resolutivo volvía yo tranquilamente a casa ayer por la noche. Un trayecto de unos 10 a 15 minutos. Como de costumbre -mala costumbre- andaba despistada consultando los WhatsApp nuevos que no había tenido tiempo de contestar.

En un callejón no especialmente oscuro ni desolado alguien pasó por mi lado corriendo, me arrancó el móvil de la mano y salió corriendo a toda velocidad. Quien me conoce sabe que no soy una persona precisamente materialista. El hecho de no tener un gran móvil no me supone ningún trauma. Sin embargo, esto era diferente, había sido un regalo y me lo habían instalado esa misma tarde.

¿Qué hizo el cuerpo? Resolver. Corrí -por un momento, mis tacones dejaron de existir-, grité, insulté, etc. Creo que hubiera sido muy difícil que el ladrón empatizara en ese momento conmigo. Los que sí lo hicieron fueron las 2, 3, 4 y hasta 8 personas que a esa hora todavía paseaban por mi barrio. Cada uno de ellos fue cortando el paso al individuo hasta que, finalmente, éste acabó por tirar el móvil al suelo.

Toda una odisea para terminar el lunes pero… qué valientes y que bien todas esas personas que se metieron para ayudarme. A menudo, hago reflexiones sobre el individualismo y sobre hacia dónde nos están llevando todo estos valores, pero cuando veo y/o vivo experiencias como la de ayer, pienso seguimos siendo humanos conectados al fin y al cabo. Seguimos siéndolo incluso en circunstancias de peligro. Mi cerebro social fue capaz de intervenir y colaborar con mi cerebro animal y más instintivo. El “¡corre!” fue fuertemente movido por la imagen de la cara de aquellos que me habían regalado el móvil (“¡qué van a pensar!” “qué mal…”). ¡Qué curiosa la cabeza!

Como el peligro ya ha pasado y el ladrón no se ha salido con la suya -del todo, pues el móvil tiene algunos golpes importantes-, tengo más facilidad para poder sacar conclusiones y aprendizajes de esta experiencia.

  1. Deambular mientras se consulta el móvil no es buena idea, menos aún de noche. Ayer tuve mi dosis de autoculpabilización, pero…¡eh! Esto lo hacemos todos, todo el tiempo ¿no? Tal vez ahora tenga un motivo más fuerte para dejar de hacerlo.
  2. Debemos abrir los ojos y mirar nuestro alrededor. Esta habilidad que hizo fuertes a nuestros antepasados se está perdiendo. Hoy en día la mirada se va cada vez más hacia dentro (el móvil, los pensamientos, las emociones…) y eso hace que no percibamos lo que hay a nuestro alrededor, incluido los peligros. Paradójico es que en la mima clase de baile trabajáramos la habilidad de abrir la mirada y sentir la presencia del compañero. Te propongo que reflexiones sobre lo que crees que te enseña tu hobby o afición y que pruebes a implementarlo o trasladarlo a tu día a día.
  3. La tercera lección que me llevo de esta vivencia tiene que ver con el riesgo gratuito. Mi madre suele decirme que soy una persona muy osada. Esto, como todo, tiene sus ventajas y cosas buenas (“el cuerpo ya resolverá…”). Otras veces, simplemente sobra. Cuando el riesgo es innecesario porque no lleva a ningún tipo de resultado positivo posible hablamos de riesgo gratuito. Volver sola de noche, coger el transporte público a ciertas horas por ahorrarse el taxi, cruzar ciertas zonas de la ciudad… ¿realmente compensa? Ahora me lo empiezo a plantear.

Los humanos tenemos una creencia protectora que nos dice “a mí no me va a pasar”. Es muy potente y, en cierto modo, es adaptativa. El comienzo de 2019 me ha dado, sin embargo, varios ejemplos de que esto no deja de ser una creencia, bonita, pero una creencia. Hay que estar preparado (sin adelantarse) y aprender de cada experiencia, sacando conclusiones y, sobre todo, aplicando cambios significativos.

Photo by Gaelle Marcel on Unsplash

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