Aranzazu del Castillo | Día internacional de la mujer
Reflexiones sobre cambios necesarios para lograr la igualdad entre hombres y mujeres.
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Cambios micro para producir cambios macro: Día Internacional de la Mujer

Hace 43 años la Organización de las Naciones Unidas reconoció el día Internacional de la Mujer como una forma de reivindicar su participación en la sociedad y su desarrollo integral como persona.

El movimiento a favor de los derechos de la mujer, sin embargo, comenzó mucho antes, con la proclamación del día de la mujer por parte de La Internacional Socialista en 1910, que por entonces buscaba instaurar el sufragio universal.

A partir de 1911 este día se celebró cada año en diferentes ciudades europeas. Hombres y mujeres, hombro con hombro, se manifestaban por el derecho de la mujer al voto, a ocupar cargos públicos, a tener derechos en el trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación.

El 25 de marzo de ese mismo año más de 140 mujeres trabajadoras, en su mayoría inmigrantes, murieron en un incendio en la fábrica Triangle, en Nueva York, un accidente que tendría repercusiones legislativas en el ámbito laboral.

La lucha por la igualdad se fue extendiendo lentamente, incluido entre las ciudadanas rusas. Ellas escogieron manifestarse a pesar de la negativa de los dirigentes de su país (1917) y consiguieron como resultado, no solo la abdicación del Zar, sino el derecho al voto. Esto ocurrió un día como hoy hace 101 años.

Este viernes está previsto que cientos de personas ocupen las calles de las principales ciudades de nuestro país. Hombres y mujeres, adultos y niños. Todos unidos por un mismo propósito: la igualdad y los derechos de la mujer. Equipados de pancartas llenas de sátira que refleja la realidad sin maquillaje, los manifestantes avanzan en masa y hacen bulla para que sus peticiones no caigan una vez más en saco roto.

El 8 de marzo de 2018 me encontraba en Barcelona y tuve la oportunidad de participar en una manifestación viva y vibrante. Lo que más me gustó fue la elevada participación de hombres y de personas jóvenes en esta protesta. La igualdad no es responsabilidad exclusiva de las mujeres, es un asunto que implica a todos. Además, hay muchos hombres para los que los derechos y el bienestar de la mujer es algo importante y necesario.

Es cierto que visualmente un grupo grande de personas gritando al unísono una misma frase crítica y de protesta tiene un elevado impacto. Pero no olvidemos que el cerebro humano está capacitado para encontrar formas de ignorar lo que no le importa o no le interesa. Así funciona, se acaba focalizando en aquello que es significativo y útil. Y así funciona también la mente de quienes, por su posición laboral, tienen algún tipo de poder para cambiar las cosas. Acaban viendo estas protestas a través de un filtro que elimina lo que no interesa o encaja con sus planes…

Con esto no estoy queriendo disuadir a nadie de manifestarse. Al contrario, creo que sigue siendo necesario, especialmente para concienciar a quienes consideran que no existe un problema de este tipo en la actualidad.

Lo que planteo, en cambio, es una necesidad de actuar a nivel individual y cercano. Es decir, en situaciones concretas del día a día llevar a cabo acciones que vayan a favor del cambio. Si cada una de esas 100 personas siguiera este principio, el impacto sería muchísimo mayor.

La realidad es que los cambios a nivel “micro” son bastante difíciles de implementar. Somos animales de hábitos y cambiarlos requiere convicción, esfuerzo y constancia a pesar de las reacciones negativas del entorno. Deben promoverse cambios micro en el hogar, en un reparto de actividades domésticas que se da por sentado; en el valor diferencial que se le da al trabajo o hobby de uno u otro miembro de la pareja; en las habilidades que se anticipa que tendrá el candidato a un puesto de trabajo en función su género, etc. En palabras más sencillas, implica que tu madre deje de asumir la tarea de limpieza de la casa y el cuidado de las personas mayores o enfermas de tu familia… y que deje de atribuirte esa responsabilidad a ti como hija; que las mujeres mantengamos la ilusión en nuestro desarrollo profesional y personal y dejemos de renunciar a ellos por “salvar” nuestra relación y que se nos valore y seleccione por nuestros conocimientos y habilidades y no por lo que estereotípicamente se asocia a la mujer.

Sin querer, las mujeres echamos piedras sobre nuestro propio tejado de varias maneras.

Primero, perpetuando el sistema al no convencernos de nuestros derechos y esforzarnos por cambiarlos. Es el caso de quienes adoptan una actitud de conformismo y de “búsqueda de la comodidad”.

Segundo, actuando de manera machista con nuestras propias compañeras. En el ámbito laboral, trabajamos mejor con hombres que con mujeres, ya que a este último grupo lo percibimos como una amenaza y a veces, tristemente, como un enemigo al que debemos derribar. El mobbing entre mujeres se expresa en forma de envidia, críticas destructivas, expansión de rumores falsos, etc. ¿No se supone que éramos empáticas y se nos daba bien comunicarnos con los demás?

Y tercero, criticando a los hombres que se unen a la lucha y tachándolos en tono despectivo de “machitos aliados”. Como mencioné al principio del post, la búsqueda de la igualdad es cosa de todos y ganaremos más cuando consigamos comprender este punto.

Hombres y mujeres son diferentes, como diferentes son las personas. Estas diferencias no deberían suponer una desigualdad en los derechos, porque los tenemos en base a nuestra condición de humanos y así es considerado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Reconocer y fomentar la variedad, al tiempo que se respeta a los individuos es lo que haría avanzar al mundo. Los grandes cambios ocurren más rápidamente cuando quien tiene poder implementa medidas y leyes que los promueven, pero no son posibles, cuando a nivel micro colocamos piedras que entorpecen este camino.

La foto de portada fue sacada por Robert Collins y la puedes encontrar en Unsplash.

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