Aranzazu del Castillo | Coaching
¿Siempre dejas lo que tienes que hacer para mañana o eres de los que pretende solucionarlo todo en un día? Ninguno de estos dos extremos es muy eficaz y adaptativo desde un punto de vista psicológico.
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Todo para hoy, todo para mañana: estrategias de afrontamiento desadaptativas

La eficiencia es resultado de una ecuación donde esfuerzo, tiempo y resultados conseguidos deben estar balanceados. Pertenecemos a unas generaciones empeñadas en conseguir la eficiencia en todo aquello que hacemos. Hemos desarrollado sistemas y artefactos que contribuyen a agilizar y simplificar los procesos cada vez más. Todo un éxito de la especie humana.

Sin embargo, si observamos con cuidado a un nivel más cercano o más micro, tanto progreso no nos ha ayudado tanto a eliminar las ‘trabas mentales’ que afectan a dicha eficiencia: la procastinación y el querer abarcarlo y resolverlo todo ya.

Sobre la procastinación, posposición o el dejarlo todo para otro momento, ya he hablado en alguna ocasión. Entonces descubriste que tras este hábito se encuentra una persona exigente y con alto temor al fracaso, aunque a veces, también al éxito.

Y… ¿qué hay del otro patrón? Tras la persona que quiere abarcarlo y resolverlo todo ya -ahora, hoy, cuanto antes- y además, se agobia por ello, también hay un claro patrón de elevada exigencia personal y miedo al fracaso. A diferencia del ‘procastinador’, para esta persona el hecho de posponer o alargar el plazo para cumplir con un deber es tan estresante que no les compensa y eligen sufrir a corto plazo.

En realidad, el origen del sufrimiento en ambos casos puede ser muy parecido -ese miedo al fracaso-, aunque aderezado con algunos rasgos psicológicos particulares (por ejemplo, el factor prisa en el segundo caso). La diferencia radica en el estilo de afrontamiento que la persona adopta, en ambos casos ineficaces y desadaptativos. ¿Por qué ineficaces? Porque no resuelven el problema que tienen delante y si lo hacen, lo hacen a costa de un gran malestar. En el caso de los ‘procastinadores’ el gran problema es la pérdida de oportunidades que pueden ser enriquecedoras. En el caso de los que eligen resolver todo de golpe y cuanto antes, el riesgo está en el abandono progresivo de áreas de vida importantes y valiosas. Lo urgente siempre acaba siendo prioridad frente a lo importante.

¿Cuál es el estilo de afrontamiento adecuado? Como suele ocurrir con la mayoría de las cosas que tienen que ver con el ser humano, la respuesta está en el equilibrio. Si te sientes identificado con alguno de estos patrones, tal vez deberías preguntarte de qué tienes miedo o qué es lo que ocurriría si por un tiempo cambiaras tu estrategia. Como ves, yo siempre trato de ir al fondo de la cuestión, y así te aconsejo que lo hagas tú, salvo que quieras seguir poniendo tiritas a heridas que no han sido curadas…

Una vez hayas hecho esta tarea entonces sí es momento de que saques todo ese arsenal de herramientas que habrás ido recopilando de libros, blogs, vídeos, cursos, charlas y un largo etcétera.

¿Qué te va a decir esta amante de las listas? Para mí son un excelente recurso. Eso sí, he aprendido algunos trucos para que estas no me abrumen:

  • Escribe todo para sacarlo de tu mente, no te preocupes por la organización a priori.
  • Agrupa cada acción o tarea por área de vida u objetivo temático.
  • Escríbelo o guárdalo todo en un mismo lugar o dispositivo, que no acabes con mil papeluchos perdidos.
  • Revísalo periódicamente, pero no cada día.

Otro excelente recurso son los mapas mentales. En ellos me gusta poner el gran objetivo en el centro y a partir de ahí ir sacando ramas que respondan a la pregunta ‘Y para conseguir esto, ¿Qué necesito?’ Hasta llegar a acciones o cosas tan concretas que uno podría resolverlas fácilmente.

¡Ante todo no te amargues! Trata de avanzar cada día un poquito, pero recuerda que la vida no se reduce nunca a una única actividad (cosa, relación, trabajo, etc.) y que ahí fuera hay demasiado que probar y disfrutar como para quedarse atascado en los “debería”. Si es que te has quedado atrapado, tranquilidad. Toca echar el freno y pedir ayuda. Recuerda la diferencia entre la zona de control, preocupación e influencia y llámame si lo necesitas.

Fotografía de: Jubal Kenneth Bernal on Unsplash

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