Aranzazu del Castillo | Otoño, estado de ánimo y estrategias
Se acerca el otoño, ¿eres de los que lo lleva mal o sabes sacarle partido a cada época del año?
Otoño, estado de ánimo, bienestar, rutina, metas, estrategias
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Bienvenido otoño

Nadie lo diría con el sol resplandeciente que luce hoy en la ciudad de Barcelona y el calor generalizado que se extiende por todo el territorio español. El calendario, sin embargo, no olvida y nos recuerda que en unos días daremos la bienvenida a una nueva estación del año: el otoño.

Hemos acabado el verano, contentos, algunos más descansados que otros, con un atractivo tono dorado en la piel y con la cabeza llena de proyectos más que ilusionantes. El equivalente a los propósitos de año nuevo, pero con una energía diferente.

Septiembre significa, para muchos, vuelta al cole, vuelta al curro, vuelta a la rutina y, en definitiva, abandono de ese aire de “libertad” pseudo hippy que nos acompañaba durante la época estival. Los gastos de golpe, los primeros resfriados -por confiados-, los compromisos ineludibles y, de nuevo, la falta de tiempo para uno mismo.

Todos estos tópicos convierten la llegada del otoño en una época un tanto “tristona”, una especie de astenia otoñal para la cual no nos falta un bombardeo de publicidad de todo tipo de multivitamínicos.

¿Tiene que ser necesariamente así?

Obviamente no. No todo el mundo reacciona igual a este cambio de temporada. Hay diferencias entre las personas, en la sensibilidad a los cambios, en la capacidad de adaptación, en el tipo de afrontamiento y gestión de las dificultades, etc. Tampoco una misma persona reacciona siempre de la misma manera, sino que esto dependerá de su momento evolutivo y de cómo se sienta respecto a sí mismo y a su entorno.

Para los más sensibilizados al cambio de luz, temperatura, actividades… aquí van algunas reflexiones. Yo, por supuesto, me incluyo en el grupo 😉

Todo pasa, todo cambia y, cuando no es así, cuando tiene un carácter permanente, sea lo que sea, acaba perdiendo su capacidad para generar interés. Porque somos inquietos y estamos deseosos de nueva estimulación.

Así es el ciclo de la vida. Ahora calor, después fresco, luego frío, de nuevo fresco y vuelta a empezar. ¿Te imaginas pasarte todo el año sudando y huyendo del sol para proteger tu piel?

Cada cosa tiene su momento y su parte bella, solo tienes que buscarla. Que tu atención no se centre en esos tópicos, muchas veces generados y promovidos de forma artificial por quienes tienen algún tipo interés. Se me ocurre un gran número de actividades que se pueden hacer en época de frío y que, durante el verano suelo dejar aparcadas porque me gusta demasiado salir a la montaña y/o a la playa.

Leer, ver películas y/o series, ir al cine, investigar nueva música, pintar, descubrir nuevas recetas de cocina, hacer conservas, probar cafeterías calentitas y acogedoras, ir al teatro y/o a conciertos, regalarme una tarde de sofá sin hacer nada, mirar la lluvia, aprender algo nuevo, recoger setas en el bosque,…

La montaña y la playa seguirán en el mismo sitio. Su paisaje cambiará gradualmente con el paso de los meses y la temperatura lo hará acompañando dichos cambios, pero estos dos escenarios no perderán su poder para ayudarte a desconectar de la ciudad y el trabajo, ofrecerte aire limpio y contribuir a ese necesario “reseteo mental”. Además, es una buena manera de exponerse a la dosis de luz necesaria para producir vitamina D y liberar serotonina en nuestro cuerpo (muy relacionado con el estado de ánimo positivo).

Tómate tu tiempo, elabora tu “duelo”. Al fin y al cabo, hablamos de la pérdida de algo que hemos disfrutado (y mucho). Es lógico que sintamos cierta tristeza, pero esta debe ser limitada en extensión y tiempo. Recuerda que en menos de 365 días tendrás otra buena dosis de verano (Así no duele tanto, ¿verdad?). Hay quien se ayuda de “rituales” para hacer esa despedida: el cambio de armario a ropa de invierno, modificar la decoración de la habitación, cambiar el fondo de pantalla del ordenador o del móvil con fotos o imágenes más acordes a la época de otoño, reestructurar la alimentación para aprovechar los productos de temporada, descubrir las novedades musicales de la temporada (¿te apetece escuchar el mismo tipo de música…?), etc.

La estrategia de resistirse no garantiza que las cosas no ocurran.  Esta actitud, en cambio aumenta las probabilidades de que vivamos los cambios emocionalmente peor. Yo soy de las que se dedica a ponerse fotos de perfil de todas las playas que ha visitado durante el verano…¡pues eso! 😉

Y finalmente, lo más importante, ¿Qué has aprendido durante el verano? ¿Qué te llevas de él? ¿Qué cosas has incorporado que te han ayudado a sentirte mejor? ¿Qué cosas has eliminado de tu día a día? ¿De qué te has desprendido? ¿Son actividades, son cosas, son personas…?

Manteniendo cierta cordura -tal vez sea difícil vivir sin reloj, ni calendario-, intenta incorporar a tu día a día aquello que has interiorizado durante el verano. Recuerda que ese “yo veraniego”, hippy y relajado, que dedicaba tiempo a cuidarse, no es otro que tú mismo y, por tanto, aunque con ropa abrigada, puedes seguir siéndolo. Verano, otoño, invierno, primavera. No son compartimentos estancos, se nutren unos de otros y así debe de ser. Que el recuerdo de una buena época no te impida disfrutar las sorpresas que te puede estar guardando este nuevo momento.

Fotografía de: Alexandru Zdrobau en Unsplash

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