Aranzazu del Castillo | La empatía y la tolerancia a la frustración
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Empatía, tolerancia a la frustración, individualismo, comunidad, aprendizaje, habilidades
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Yo robot. ¿Está la empatía desapareciendo?

Yo robot. ¿Está la empatía desapareciendo?

Una mujer prende una bolsa de oxígeno en la sala de urgencias de un hospital canario generando un incendio y obligando al personal a construir un “hospital de campaña” en plena carretera. ¿Argumento? Tardaban demasiado en atenderla.

En plenas fiestas de Gràcia (Barcelona), entre el bullicio de la gente, una chica trata de regatear el precio de la cerveza a un vendedor ambulante. Tras negarse a rebajar a unos pocos céntimos la bebida ella sobrepasa enfuscada al vendedor, pero no contenta con ello, se da la vuelta y lo amenaza (a sus espaldas) con la llama de un mechero.

Tres y media de la madrugada en un autobús urbano con dirección al aeropuerto del Prat abarrotado de personas con sueño, maletas y otros bártulos. No cabe una aguja en el vehículo, pero aún así, el chófer se detiene en la siguiente parada. Un grupo de turistas jóvenes -la nacionalidad es irrelevante- pretende subir y embutirse con el resto de pasajeros, pero el conductor advierte de que él así no puede continuar el viaje por razones de seguridad. 15 minutos de discusión con tensión creciente no son suficientes para que los jóvenes bajen a la carretera y finalmente, para disgusto del resto, se salen con la suya. Al menos así, podemos continuar el viaje y llegar a tiempo a nuestro vuelo, piensan.

Todas las miradas atentas a la construcción cuidada y milimétrica de un castell (castillo o torre humana). La figura tiembla desde sus cimientos, pero me han dicho que es normal y necesario para mantener el equilibrio de la misma. Cuando la más pequeña del equipo (enxaneta) corona el castell y hace la respectiva reverencia, el público estalla en vítores y aplausos y respira aliviado. Es entonces, al desmontar el castillo cuando el tambaleo va a más, la figura se desmorona y las más pequeñas de la colla salen volando desde lo alto. Ohh, y caras de miedo es lo que esperaba oír. Y así fue, pero algo a mis espaldas atrajo más mi atención: ¡vaya! no me ha dado tiempo de grabarlo, ¿tú lo has grabado? -con voz de fastidio.

Tal vez te parezcan casos extremos o aislados de falta de humanidad (empatía, sentido común, etc.) los que he presentado hoy aquí. Sin embargo, te diré que todos ellos han sido presenciados (o escuchados) durante el último mes y no precisamente porque fuera yo buscando activamente ejemplos de algo para luego criticarlo. Más bien al contrario, me han chocado tanto, que no he podido dejar de reflexionar sobre lo que significa o evidencia.

Estas cuatro situaciones tienen claramente dos aspectos en común. La primera, una baja tolerancia a la frustración de los deseos personales. La mujer, que no soporta que no atiendan a su familiar inmediatamente; la chica que no admite pagar por la cerveza más de lo que ella considera adecuado; los turistas que no aceptan no ser transportados al aeropuerto de inmediato y a precio de bus urbano; y la observadora de castells, frustrada por no conseguir la imagen que la catapultará a los 100 likes en sus redes sociales.

La cultura de la inmediatez y la facilidad de acceso a lo que queremos es maravillosa en muchos aspectos, pero tiene su lado peligroso… y es que si no nos entrenamos para tolerar la espera y los tiempos naturales de las cosas… luego pueden aparecer los problemas. ¿¿Quién no se ha puesto un poquito nervioso cuando la persona a la que hemos enviado un whatsapp con tanto amor no nos contesta en un plazo de 24 horas??

El segundo rasgo presente en los cuatro ejemplos que he presentado tiene que ver con la empatía, o más concretamente, con la carencia de empatía. Esta habilidad psicológica humana consiste en la capacidad para adoptar el marco de referencia de otra persona, lo que habitualmente se conoce como ponerse en el lugar del otro, y hacer un esfuerzo para comprender cómo se puede estar sintiendo, qué puede estar pensando y por qué puede estar actuando como lo hace en una situación concreta. Al contrario de lo que mucha gente piensa, no se trata de sentir lo que el otro siente, lo cual recibe el nombre de simpatía. Esta nos posiciona en un lugar, desde el que es difícil ayudar, porque según cómo sea la situación, podemos vernos emocionalmente muy afectados y, por tanto, bloqueados. La empatía, en cambio, nos prepara para actuar de manera acorde y sintonizada con la persona que tenemos enfrente.

Ninguno de los protagonistas de las historias anteriores se tomó la molestia de conectar con la persona que tenía delante, ni con ninguno de los otros personajes de la escena. Estaban focalizados en ellos mismos, en sus deseos y sus necesidades. En consecuencia, juzgaron y reaccionaron a la situación teniendo en cuenta exclusivamente su marco de referencia del mundo.

¿Era consciente aquella mujer de la cantidad de enfermos que esperaban en urgencias…? ¿Se paró a analizar el ritmo frenético al que trabajaban los médicos…? ¿Contempló la chica la posibilidad de que la cerveza estuviera al mismo precio que en otros lugares..? ¿Se preguntó por la necesidad de aquel vendedor para ofrecer la cerveza a aquel precio…?¿Anticipó el peligro de su conducta pirómana para las personas que bailaban alegremente alrededor…? ¿Acaso pensaron aquellos turistas en el paquete que le caería al chófer si pasaba algo? ¿…o en la posibilidad de un accidente que hiriera a los pasajeros? ¿Qué pasaba por la cabeza de la mujer que filmaba a los castells…? ¿Se planteó que podría haber familiares de la enxaneta a su costado…?

Tolerancia a la frustración y empatía, dos grandes habilidades psicológicas que a priori todos tenemos capacidad de aprender y entrenar. Los esfuerzos actuales en cambio, van más dirigidos a la búsqueda de un sentido vital individual, a la promoción del sano egoísmo y a la conexión con las necesidades y deseos personales. Esto es buenísimo y se debe de promover desde la infancia, estoy de acuerdo, pero sin olvidarnos de que vivimos en sociedad. Para que el mundo funcione de manera engrasada y saludable, necesitamos del otro y no en un sentido de dependencia, sino de interdependencia.

Así pues, en tu camino de búsqueda personal y de conquista de tus intereses personales, recuerda entrenar bien estas dos capacidades humanas. No te catapultarán a más likes, pero sin duda, te harán una persona más estable, coherente y, en definitiva, más feliz contigo y con tu entorno.

¿Cómo se aprende? Tienes situaciones a patadas para practicar. La próxima vez que experimentes frustración, pregúntate de dónde viene. Normalmente tiene que ver con el bloqueo u obstáculo a algo que queremos o que esperamos conseguir. ¿Son las circunstancias las responsables de que no puedas conseguirlo? ¿… es responsabilidad de otra/s persona/s? ¿Hasta qué punto? ¿Qué grado de responsabilidad tienes tú y cómo podrías mejorarlo? Si es la conducta de otra persona la que te hace sentir frustrado, antes de atacar, respira y cuenta hasta 20 (sí, y si puedes más mejor). Después, pregúntate qué le ha podido llevar a actuar así, cómo se siente y qué puede estar pensando. El objetivo no es que la situación cambie y tu consigas lo que querías, sino que tus sentimientos y reactividad ante la situación cambien ligeramente.

 

 

 

 

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