Aranzazu del Castillo | Crecimiento personal a bordo de un barco
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Experiencias nuevas para tomar conciencia: crecimiento personal

Se me queda grande, se me es escapan las palabras…

Dos meses y medio anticipando un panorama que acaba por no parecerse en absoluto a lo que había imaginado. Ahora me encuentro en un avión, de vuelta a la rutina, al día a día de una vida “normal”, con la cabeza llena de momentos épicos y la lágrima floja como cuando uno regresa de un campamento de verano cuando es niño.

Mi mejor amigo tiene la obsesión de buscar y coleccionar experiencias nuevas y estimulantes cada día. Es su pequeño secreto para mantenerse joven y realmente vivo. Acabo de regresar a la ciudad, después de estar dos semanas trabajando a bordo de un barco. Casi 14 días en el mar me han regalado unas cuantas de estas experiencias. Estas son solo algunas de ellas:

Despedidas inesperadas

Chapuzón en aguas turcas al amanecer

Cenas épicas en lugares mágicos

Sonidos que emanan de una mezquita llamando a rezar

Guerra de cosquillas con risas contagiosas

Bailes procedentes de lugares lejanos cargados de mucha conexión

Viajes en cabina de mandos oteando el horizonte

Lecciones de freestyle dance en cubierta

Mañanas de ejercicio físico intenso para cargarse de energía para el resto del día

Formar parte del equipo: poner el barco a punto

Nuevos medios de transporte para descubrir las aguas del mar

Salsa y otros ritmos en un país diferente: el mismo canal de comunicación

Callejuelas que esconden rincones con sabor a especias

Sabores muy locales en lugares recónditos

Momentos cotidianos con la crew: sentirme una observadora pasiva, pero al mismo tiempo muy atenta a cada uno de los exóticos acentos

Cine de verano bajo el cielo estrellado

La energía inagotable y la curiosidad de una niña de 7

El profundo y creativo mundo de un niño de 9

Jugar sin más preocupaciones que la de disfrutar

Esta oportunidad de experimentarme a mí misma en una piel distinta y totalmente nueva me ayuda ahora, en mi mundo “normal”, a observar la vida que llevo con mayor objetividad y distancia. Me ayuda a tomar perspectiva para valorar si realmente es así como quiero que sea. Me ayuda también, a ser consciente de que yo no soy lo que hago o lo que pienso necesariamente. A veces, la cabeza y los comportamientos habituales nos hacen creer que sí, que sí que somos de una determinada manera y que no podemos cambiar. A veces, es solo comodidad, conformismo, miedo o qué sé yo qué más excusas.

No lo digo con reproche. Creo que es lo lógico, lo humano, lo natural. Pero experiencias de estas, de las que te sacan de tus casillas, de tu zona de confort son las que de verdad te ayudan a hacer “click” y a tomar decisiones más respetuosas y comprometidas con lo que para cada ti es importante y valioso. Y no pasa nada si volvemos al viejo patrón -lo cual, por otra parte, es bastante probable- porque ahora disponemos de un arma muy poderosa. Cuando te sientas perdido, apagado, alejado de tus valores, alienado de la vida que vives… toma el timón y busca esa experiencia, actividad, lugar, compañía, etc. que te arrastre hacia lo desconocido, a allí a donde puedas dejar tu viejo yo, tu yo habitual colgando en el armario, y puedas salir a bailar la vida con tu propia piel, con el único objetivo de observar cómo te mueves con ella. Cuando reconectes con tu core interno, estarás listo para regresar, ahora sí, alineado y comprometido con lo realmente significativo.

Aquí tienes mi pequeña aventura y la moraleja: di que sí cuando te propongan hacer algo que no entraba en tus planes y que a priori te parece loco o descabellado.

¡A los remos mariner@!

Fotografía de Nick Karvounis.

 

 

 

 

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