Aranzazu del Castillo | barreras psicológicas
¿Cómo se forman las corazas o barreras psicológicas y por qué cuesta tanto superarlos?
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Corazas, barreras y muros psicológicos

La especie humana está diseñada para buscar el placer y evitar el dolor.

Cuando nacemos, somos seres dependientes de la atención y el cuidado de nuestros progenitores o de otros seres adultos cercanos. Sin ellos, no podríamos sobrevivir. Poco a poco vamos adquiriendo autonomía y llegamos a ser capaces de valernos por nosotros mismos.

A una edad relativamente temprana, se espera de nosotros que hagamos la mayoría de cosas solos y siempre de una manera eficiente. También que gestionemos los problemas y las dificultades diarias y, por supuesto, las emociones que aparecen con ellas.

Esta expectativa familiar y de la sociedad en general pronto es interiorizada. Así, asumimos que, como personas adultas y maduras, debemos ser capaces de afrontar los retos que nos va presentando la vida y de mantenernos estables emocionalmente. Si en alguna ocasión nos desviamos del camino, no solo nos sentimos de una manera determinada (por ejemplo, ansiosos) como resultado de la situación, sino que con frecuencia añadimos un malestar secundario, debido a que nos ponemos la presión de sentirnos bien en todo momento y circunstancia. Me siento mal, pero debo sentirme bien y como producto de esa auto-imposición difícil de cumplir, me siento peor. ¡Qué paradoja!

Es decir, 1º) por naturaleza, no llevamos bien eso de pasarlo mal, 2º) existe una expectativa y creencia generalizada de que podemos y debemos controlar y eliminar las emociones desagradables y 3º) la estrategia de autoexigirse estar feliz las 24 horas del día parece poco efectiva. Este cocktail tiene seguro diferentes resultados posibles, pero uno de ellos es el desarrollo de barreras o corazas, es decir, la evitación del malestar de manera anticipada como una manera de protegerse.

Las barreras, corazas o muros psicológicos tienen un porqué y una historia. A menudo están justificados si uno analiza las circunstancias en las que se originaron. Si están presentes como una forma de funcionamiento de la persona, posiblemente sea porque en su momento fueron de utilidad y puede que incluso imprescindibles para la supervivencia del individuo. Padres que desatienden o rechazan a sus hijos, compañeros que abusan y agreden al más débil, parejas que engañan y cometen infidelidades, situaciones injustas en el puesto de trabajo, crisis económicas o catástrofes naturales… Las circunstancias, como se puede apreciar, pueden ser muy variadas y no siempre desencadenan la construcción de una coraza. El temperamento y personalidad del individuo, así como otros factores contextuales determinarán que esta se desarrolle y que lo haga con más o menos fuerza.

Las experiencias que favorecen la formación de corazas tienen una característica común: implican un elevado nivel de emocionalidad. En otras palabras, si no nos altera emocionalmente, no formamos barrera. Por eso, si queremos ablandar esa protección, tendremos que activar la emoción que la provocó, aunque esto no sea agradable, ni fácil.

La coraza se va formando lentamente por capas y partes bien estructuradas y revestidas. Incluye un par de gafas con las que podemos contemplar el mundo. Cuidado, porque hace que contemplemos todo del mismo color que las lentes que la componen. De esa manera, todo lo que se vive es interpretado de manera que concuerde con lo que ya está guardado (así funciona nuestro cerebro, simplificando cosas). Captamos nueva información y la colocamos de acuerdo a reglas que… ¡nos ayudan a vivir! (los hombres son malos, no debo tomar decisiones para no equivocarme, las personas son egoístas, no te fíes nunca de nadie, etc.). Y claro…información nueva que encaje con lo que ya pensábamos no hace sino reforzar nuestro esquema.

A simple vista se puede apreciar que estas reglas mentales no tienen ni pies ni cabeza. Son generalidades bastante sesgadas. Pero cuando somos nosotros los portadores de estas no somos tan conscientes de las mismas . Actuamos según patrones, aunque no nos percatemos de ello, y estos son reflejo de esquemas y reglas mentales internas.

Las corazas, barreras o muros al final son otro ejemplo de patrón conductual. Sin embargo, cuando utilizamos estos términos, normalmente lo hacemos para señalar su carácter desadaptativo, lo que quiere decir que, aunque fueran útiles y/o necesarias al principio, actualmente pueden estar generando más malestar y problemas que bienestar.

¿Te sientes mal y no sabes por qué? Observa si esto ocurre en un ámbito concreto de tu vida o se trata de algo más transversal. ¿Has identificado un patrón que te hace sufrir o reduce tus oportunidades de vivir de manera plena? Reflexiona sobre el mismo y piensa cómo y dónde se pudo haber originado. ¿No sabes cómo escapar de esta forma de actuar? Tranquil@, es natural, porque es algo automático y bien establecido. Necesitas un ingrediente clave: la autocompasión. Y a partir de ahí, la clarificación y el desarrollo de acciones valiosas e importantes para ti.

¿Necesitas un poco de apoyo en este camino? No te preocupes, te ayudaré a ablandar esa coraza si así lo necesitas.

 

Fotografía: Julie Marsh

2 Comments
  • Gem
    Posted at 07:27h, 13 abril Responder

    Precioso post! Y muy real…remueve por dentro las cositas por cerrar 🙂

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