Aranzazu del Castillo | Crisis vitales y miedo al cambio
Crisis vitales y miedo al cambio. ¿Por qué nos cuesta tanto decidirnos a cambiar cuando algo no nos satisface?
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Crisis, miedos y cambios

Haz lo que quieras, pero hazlo tuyo.

Supera el miedo al cambio, aunque tu mente, siempre tan oportuna, te repita que no debes o no puedes hacerlo. Explora la zona desconocida y reencuéntrate con tus emociones. Sí, también con las desagradables, como el miedo o la rabia. Porque alguien expuso alguna vez en uno de mis talleres que estaba cansada de estar anestesiada emocionalmente. Llevaba tiempo arrastrando una tristeza cronificada, solo que hacía rato que ya no la sentía –tampoco la alegría o el amor- porque se había enganchado a la trampa de la medicación: alivio a corto plazo, malestar a largo. Ella buscaba herramientas para volver a conectar con la vida y con ella misma.

El ser humano siempre se ha caracterizado por ser un tanto contradictorio. Queremos muchas cosas y a veces estas pueden entrar en conflicto debido a que juegan diferentes ligas. Un ejemplo de este tipo de dualidad es la conformada por la novedad, mejora y crecimiento, por una parte, y el deseo de control y gusto por la predictibilidad y seguridad, por otra. El tira y afloja de estos dos polos es lo que nos mantiene retenidos en ocasiones en tierra de nadie perdiendo tiempo, energía y sintiéndonos mal.

Este conflicto de intereses puede manifestarse en cualquier área de nuestra vida (trabajo, relaciones de pareja, amistades, hábitos…). De hecho, cuando está presente, suele afectar a varias de ellas y son síntoma de una necesidad más profunda. Aunque no mostramos exactamente la misma parte de nosotros en estos ámbitos de vida, ni de la misma manera, está claro que no son compartimentos aislados.

Me voy a detener en la primera de estas esferas mencionadas: el trabajo. Pasamos un 25% -si no más- del tiempo de nuestros días dedicados a esta actividad. Si, por suerte o por desgracia, te ha tocado vivir en la generación de los freelance, el número de horas será, probablemente, mucho mayor. Si sumáramos horas, días y años tendríamos una cantidad considerable…

Es en este punto donde a menudo viene a la mente la cuestión de trabajar para vivir o vivir para trabajar. También me vienen, a modo de flashes, los consejos de grandes gurús del bienestar: “persigue tu sueño” o “trabaja en lo que te apasiona”. Me parece genial y muy acertado, pero vuelvo a lo anterior, vivir para trabajar, no pierdas el norte, incluso aunque lo que hagas sea tu pasión.

El hecho de dedicar tanto espacio de tiempo a una actividad hace normal y casi necesario el surgimiento de dudas y crisis periódicas. Un trabajo estimulante a nivel de retos y personas con las que interactuar extrae y multiplica lo mejor de cada uno de nosotros. En cambio, un ambiente laboral estresante con exceso de tareas o, todo lo contrario, sin desafíos que nos inspiren, con un equipo de personas tóxicas alrededor, solo saca lo peor de cada casa.

Vivimos en la era del pluriempleo y del trabajo en continuo cambio. Sin embargo, seguimos con el chip antiguo del miedo al cambio, para el que cada decisión que se toma es la opción definitiva, inamovible y permanente. Y claro, ¿a quién no le asusta lo permanente? ¿Estarías dispuesto a arriesgar si las consecuencias de tu acción fueran para toda la vida? ¿Y si no me gusta? ¿Y si me equivoco¿ ¿Y si…? ¿Y si…? ¿Y si…?

Nada es eterno, todo se transforma. Transfórmate con ello. Experimenta y busca aquello que te apasiona y te hace sentir bien, para que trabajar no se convierta en un motivo más por el que ir a terapia. Y cuando te sientas estancado, sigue buscando y eligiendo, sabiendo que ninguna de estas decisiones es irreversible. Última cosa importante: no te quedes allá donde sea una audiencia externa la que te diga que estás en el lugar correcto –alumnos, clientes, jefes, tutores, pacientes, etc.), sino en ese otro donde sea la actividad en sí misma la que te reporte bienestar y te motive a crecer.

¿Te sientes identificado con lo que he contado…? Si te encuentras en este bache y necesitas poner en orden algunas ideas para seguir adelante, no te preocupes, estoy aquí para ayudarte.

 

Fotografía de Samuel Zeller.

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